Vislumbres: De la senectud partidista y sus achaques

Por Abelardo Ahumada.

Senecto.-

El sábado 4 de los corrientes el PRI cumplió 88 años de “vida”. Pero 88 son muchos años hasta para un partido político, al que por lo que se mira y se dice de él, muy bien podríamos, con toda certeza, calificar como un partido senecto, viejito, anquilosado que, aun cuando se mantenga medianamente lúcido y un tanto competitivo, requiere de andaderas y muletas para caminar y mantenerse en pie.

Las andaderas, por supuesto, se las han brindado (con sus errores) tanto los partidos de izquierda y derecha que no han sabido cómo ganarle la delantera, y las muletas son los desdibujados partidos que como el Panal, el Verde y el PT le son cada vez más necesarios para sobrevivir, como sucedió concretamente en Colima, donde en las más recientes elecciones, si no hubiera sido por los votos que éstos partidos les aportaron, el actual gobernador no estaría despachando en la residencia oficial de la Calzada Galván.

Premios para restañar heridas.-

Las noticias que nos ha tocado leer respecto al festejo número 88 del referido PRI nos dicen, por una parte, que está tratando de conseguir oxígeno y, por otra, que hay estados en los que “ya ni con viagra puede”.

El oxígeno que pretenden conseguir se basa en el otorgamiento de premios de consolación para quienes por decisiones presidenciales habían resultado con algún daño en su ego, siendo por eso que para restañar un poco el dolor (y la irritación) que le causó a Claudia Ruiz Massieu su despido de la Cancillería, apenas el jueves 2, Enrique Ochoa Reza, presidente del CEN de dicho partido, le entregó, evidentemente aprobado por el otro Enrique, la Secretaría General del Tricolor.

A ese premio ejemplar, en la ceremonia conmemorativa del día 4, a la que por cierto no acudió Luis Videgaray, el nuevo Canciller, se otorgaron algunos otros reconocimientos a militantes destacados. Entre los que robó cámaras el que se le brindó a Manlio Fabio Beltrones, ex presidente nacional del Tricolor, que dejó de serlo por la paliza que su partido recibió en las elecciones de 2016, pero que no obstante lo anterior, cuando recibió dicho reconocimiento “se fundió en un abrazo con Enrique Peña Nieto”, dando ejemplo de sabia militancia que otorga y recibe perdones.

Manlio Fabio, en efecto, recibió de mano de EPN la presea “Plutarco Elías Calles al Mérito Revolucionario”, pero eso puede tener varias interpretaciones: por un lado se podría entender que la presea es, para el sonorense, un equivalente a la carta de jubilación que recibe un empleado

que ya no tiene la edad requerida para trabajar, y que por ende está fuera de forma para competir, si de materia política se trata. Pero, por otro, si se toma en cuenta el currículum del galardonado (al que lo único que le falta ser es presidente también de la república), ese mismo premio podría interpretarse exactamente al revés: es decir, como una especie de “resurrección de Lázaro”, en la que el apestado (en este caso Manlio Fabio) sale de la cueva en que se le sepultó por una decisión presidencial, para ponerlo de nuevo a la vista, en virtud de que los precandidatos tricolores que actualmente se placean para las elecciones del 2018, como que no dan color, y van muy bajos en todas las encuestas que se han publicado desde noviembre de 2016.

Así que de acuerdo con esa interpretación Manlio Fabio estaría siendo resucitado para, en caso de probada necesidad o urgencia, pudiera ser él, supuesto político muy colmilludo, el tercero en discordia o el bateador suplente. Cosa de no creerse, pero podría ser.

Cifras y datos.-

Y ya que andamos metidos en estos chismes, echémosle un ojo a ciertos párrafos del discurso que durante el mencionado festejo pronunció el presidente Peña Nieto:

“El PRI es un partido que sabe acordar, que pacta para gobernar y para transformar, pero que quede bien claro: nunca, pero nunca pactará para dejarse derrotar. Nosotros los priístas, y está en nuestra genética, siempre salimos a ganar”.

Luego, hablando de las próximas elecciones estatales en el Estado de México, Nayarit, Veracruz y Coahuila, anunció: “Vamos por cuatro triunfos”. Señalándolos como el preámbulo de lo que sucederá en las elecciones presidenciales del 2018, sobre las que advirtió: “Nuevamente hay riesgos de retroceso, como hace seis años están resurgiendo amenazas que representan la parálisis de la derecha o el salto al vacío de la izquierda demagógica”. Etc.

Si nos detenemos unos instantes en desglosar estas pequeñas muestras de la retórica peñanietana, notaremos que, una de dos, o EPN carece por entero de una actitud autocrítica, o ni cuenta se dio del contenido del texto que sus discurseros le pusieron a leer, pues más vacío no podría quedar su mensaje, dado que aun cuando él mismo siga recordando que fue el candidato presidencial que más votos históricos ha obtenido, hoy es el presidente de la república que menor índice de aprobación histórica tiene también desde que el PRI es PRI. Habiéndole dado actualmente la espalda no sólo los casi treinta millones de ciudadanos que votaron en su contra, sino más de la mitad de los poco más de 19 millones de ciudadanos que sufragaron a su favor. Todo ello en franca reprobación, no sólo de su persona, sino de las cacareadas reformas fundamentales con que dio inicio su hoy devaluado sexenio.

El afirmar, además, que todos los candidatos de su partido traen en “su genética la idea de salir a ganar” no pasa de ser una fanfarronada, pues ¿acaso ya se olvidó de todas las derrotas que muchos de sus candidatos han padecido en todos los niveles y distritos electorales desde 1988 a la fecha?

Finalmente ¿cómo se atreve a advertir con que cualquier otro tipo de gobierno (ajeno obviamente al PRI) pudiese representar parálisis y retrocesos para nuestro país, si ahora mismo, bajo su mandato, los ciudadanos estamos pagando el pato de todos los desatinos que él mismo ha cometido, comenzando desde los altísimos costos de los energéticos, la luz, la telefonía y las autopistas donde se ve claramente que sus aliados económicos no tienen llenadero? No, a este señor lo que le falta es seso, o salir de Los Pinos disfrazados de cualquier ciudadano para salir a ver la realidad, y a escuchar lo que la gente sencilla de cualquier parte dice de él y de su “acertada” política administrativa.

Panorama local.-

El 21 de octubre del año pasado, “ante más de 5 mil personas representativas de los diversos sectores de la sociedad colimense”, reunidas en el Casino de la Feria, JIPS hizo acto de presencia para avalar la designación y toma de protesta de Virgilio Mendoza Amezcua como delegado del Partido Verde en Colima. Pero no fue solo, sino que lo acompañaron algunos integrantes de su gabinete, más “Fernando Moreno Peña; los delegados de gobernación Víctor Gandarilla; del ISSSTE, Guillermo Villa; del trabajo y previsión social, Roberto Barbosa; de Profepa, Ciro Hurtado; Semarnat, Nabor Ochoa; el dirigente del sindicato del IMSS, Rafael Ruvalcaba; los diputados locales, Martha Meza, Nicolás Contreras, Luis Ayala y Héctor Magaña”.

Para dilucidar el motivo por el que un gobernador priísta estuviera participando en un acto político de un partido que si no es contrario, sí es distinto, JIPS se apresuró a decir: “José Ignacio Peralta Sánchez no olvida a quienes contribuyeron al triunfo, y Virgilio Mendoza y los seguidores del partido verde significaron un papel importante en los resultados, por eso les digo, Nacho apoyará a Virgilio”.

Pero eso no le quitó el coraje a los priístas colimotes “de hueso colorado”, porque sabiendo su gobernador que muy especialmente a ellos (los priístas) les debía el triunfo, no se había dado la oportunidad, o tomado la molestia de ir a uno siquiera de los comités municipales para darles asimismo las gracias. Y en ese sentido hubo al menos dos de su presidentes que muy en confianza con este redactor externaron su enojo: “¿Cómo es posible – exclamaron- que nuestro gobernador esté dando fuerza a un acto del Partido Verde cuando nunca se ha dignado visitar uno solo de nuestros comités? Aparte ¿cuándo se había visto en Colima que un gobernador priísta aplaudiera como aplaudió a un elemento de otro partido sólo por haberse convertido en delegado estatal?”

Interrogándolos un poco más a fondo, de sus respuestas entendí que desde aquel momento no pocos militantes locales del partido tricolor comenzaron a pensar que al menos en el Distrito Electoral donde se hallan Armería, Manzanillo y Minatitlán, no será, en 2018, el Partido Verde aliado que apoye al PRI, sino al revés. Y como que no le falta lógica a ese razonamiento.

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