. . . N o s o t r o s: Nada es Peor que Morir

Por J. Ángel Ramírez López.

* ¿Cómo será su fin?
* El profesionalismo del IMSS.

Cierto que nada es peor que morir; cualquier cosa que nos pase jamás superará la muerte, por lo que, como dijera Aristóteles cuando analiza la felicidad profunda, de que no requiere esfuerzo personal, como la felicidad espiritual, ni es mundana y simplona como la sensible, como cuando alguien se salva de una muerte segura, y después cambia de carácter.

Decía que quien se salva de una muerte segura, es decir, que le corresponde vivir la felicidad profunda, se vuelve más amable, más humano y más optimista, porque todo es mejor que morir. Y en esta situación se encuentran muchos ejecutados de uno o varios balazos, y milagrosamente salvan su vida, aunque algunos vivirán lisiados de por vida.

Así estoy yo, que me salvé de una muerte segura cuando el victimario arremetió contra mí en un arranque de drogadicción, de locura, porque no le di 100 pesos para “ice” y me sentenció a muerte hundiéndome un cuchillo puntiagudo, tipo verduguillo, directo al corazón, destrozando una arteria por lo que no dejó de fluir la sangre, hasta como 6 litros.

Mi vecino oyó trifulca en mi casa y salió corriendo, y yo le pedí auxilio arrojando sangre como manguera a presión, hasta que, según ellos, caí al suelo desmayado, en plena calle, donde la Cruz Roja se encargó de llevarme de urgencia al IMSS y allá practicarme una operación, pero como la sangre siguió fluyendo me enviaron luego a Guadalajara.

Fui informado por mi familia, que para ese momento ya abarrotaba la Clínica 1 del IMSS, que los propios médicos que me operaron vieron con preocupación y tristeza que no alcanzaría a llegar a Guadalajara por la sangre que iba derramando, no obstante que me fueron aplicando nuevas dosis. Y en la Perla Tapatía, de inmediato otras dos operaciones.

Y los familiares de compañía firmaron varias veces su responsabilidad en caso de mi deceso, luego de las intervenciones quirúrgicas de médicos altamente calificados, para quitarse la responsabilidad ante cualquier situación. En una de ellas se detuvo mi corazón en un lapso de 6 minutos, hasta moverlo nuevamente con electroshock y trabajo manual.

El gran triunfo para la medicina y mi familia es que no me morí, aunque no me moví durante esos cuatro días, de los cuales, tuve dos ataques o dolores tremendos, intensos, como para dejar de existir, para lo cual paramédicos me detenían como si yo fuera toro de lidia, hasta inyectarme y calmarme, y hubo varias reuniones médicas de evaluación.

Luego de 7 días allá, me dieron de alta y me trasladaron al IMSS Colima a seguir la observación y el tratamiento. Cuando los doctores de aquí me volvieron a ver, se alegraron, porque finalmente vieron que su trabajo no resultó infructuoso o que iba a abandonar la vida antes de llegar a Guadalajara, como supusieron la primera vez. Su trabajo fue de oro.

Lo más terrible es que me dieron medicina para quitar dolores y entumecer cuerpo y cerebro, por lo que sentí en mi conciencia que volaba como una nave y vi extraterrestres, el infierno, el purgatorio y el cielo de Dante Alighieri. Sentía que abandonaba el cuerpo y viajaba en busca de aventuras, y tuve muchas y terribles, de sicarios, de gente conocida.

Para mi familia, que me daba por muerto en un 90 por ciento, me salvé gracias a Dios, pero yo reconozco el trabajo profesional y estricto de los médicos y la medicina del IMSS de Guadalajara y Colima; qué bien que así atiendan a la gente, sobre todo a los moribundos. Hoy digo que si todos moriremos, no sé si me tocará otra muerte espantosa.

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