…N o s o t r o s: Mi Libro de Primero de Primaria

Por J. Ángel Ramírez López
• El ícono de la Patria.
• Editado el 2 de octubre de 1971.

– Dime tus pecados, hijo mío. -Acúsome, padre, que me metieron a primero de primaria a los 5 años y meses de edad, y como tal, no había madurado para este nivel de estudios, por lo que hice un desorden el primer día de clases, me embarré los huarches de popó e hice atascadera por doquier, y por eso la señorita Triny mejor que me corre del aula.

Ya a los 6 años entré a primero de primaria en la vieja escuela de adobe “José María Morelos”, al lado de la Presidencia Municipal de Villa de Álvarez y que empiezan a llegar, salón por salón, las cajas de los libros, ante el gran entusiasmo de la chiquillada porque ya tendríamos libros de texto gratuitos. Cajas nuevas de cartón con un grueso y macizo cincho.

Libros nuevos, con olor a gasolina, a imprenta, llenos de monitos, dibujos a colores y letras grandes, adecuados para los niños que apenas haríamos los pininos para aprender a leer, escribir y sacar cuentas, y los docentes, a la usanza, de enseñar a leer y escribir con el método que aún usan algunos, el onomatopéyico del colimense Gregorio Torres Quintero.

La portada tenía a la guapa Patria y en una mano la Bandera Nacional, producto de Jorge González Camarena, y el presidente de la Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuito era Martín Luis Guzmán, cuya edición es de 1971. En la hoja 9 viene un dibujo de la feria, en tanto en las hojas 10 y 11 la primera lección: oso, dado, la sala, Tito, la pelota.

Pero la primera lección que nos calificaba el maestro (a) era la de la hoja 12: Oso, “Ese oso se asea así. Sí se asea. Así es su oso”, luego, en la página 13, renglones para que el niño haga con letra manuscrita, a lápiz (no se usaban plumas), las tres primeras frases del texto, después las lecciones de Dado, La Sala, Tito, La Pelota, La Mamá de Luis, etcétera.

En la página 42 la lección “Mi Escuela se llama México”,, en la 54 “El Kiosco”, en la 68 “El Aeroplano”, en la 69 “La Pequeña Blanquita”, , en la 74 “La Tlapalería”, y ya en la 77 empiezan las lecturas cuando los niños nos debemos saber las vocales, el alfabeto y la composición de oraciones, para empezar con textos largos, ágiles y con letra más pequeña.

Entre las lecciones inolvidables está la de la página 90, “Amor Filial”, de Amado Nervo, en la 104 “Clarita (niña mentirosa), que trata sobre la moneda olvidada en casa, pero Clarita culpó del hurto a sus compañeros, y la maestra tuvo que tardar la salida y “esculcar” a cada niño, hasta que llegó la mamá de Clarita dispensando su olvido sobre la moneda.

Lección y poesía hermosa era, además, “Dos Rosas”, de José Martí, página 108, o “De Paseo”, en la 109, o El Sapito glo, glo, glo, página 125. Pero hay un injerto “forzado”, con páginas fuera de contexto, más bien de nuevo sistema de ofset, que trata sobre el viaje a la luna, ya no con dibujos animados, como todo el texto, sino fotografías, del Apolo 11.

Para mí gusto personal dejaría la lección “Don Nacho” (p.42), que trata de un panadero, que en su infancia alguna vez pidió trabajo en una panadería, y así aprendió el oficio hasta convertirse en el dueño del negocio, quien ahora recibe una misma petición de trabajo de un niño pobre, y recordando su época, de inmediato dio trabajo al chiquillo.

Y es así como este libro de primero de primaria, esta reliquia, casi se me deshace entre las manos al estarlo hojeando para narrar esta Columna, luego de que ya no huele a gasolina, como los libros nuevos. El libro terminar con el encuentro de un niño tez clara y una niña morena, netamente mexicanos, con la lección “Los Niños de Mi Patria”, (p.184).

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