Esquirlas de libertad: La legítima defensa

ajedrez1Por Manuel Agustín Trujillo Gutiérrez.

A veces en la vida hay que saber luchar no sólo sin miedo, sino también sin esperanza. –Alessandro Pertini, político italiano.

En el mundo capitalista existe el símbolo universal de la familia y es en esa familia donde residen las tres reglas básicas del control del individuo, “eso no se dice”, “eso no se hace” y “eso no se toca”. Todos crecemos sujetos a esas reglas y aquel que las rompe pasa a formar parte de la fila de los subversivos, de los rebeldes y los desafiadores del estatus quo. Esas reglas son constantemente desafiadas, para la primera los medios, para la segunda la industria y para la tercera la ciencia. Pero al ciudadano común qué le queda. El que grita es un quejoso, el que hace es un rebelde y el que toca un delincuente.

A pesar de lo rigurosas, inflexibles e invencibles que parecen las reglas impuestas por el “sentido común”, entre los siglos existieron seres humanos que desafiaron tales reglas con inteligencia inaudita. El no decir fue acallado con el silencio, el no hacer con la rebelión de los brazos caídos y el no tocar con la revolución. Tres formas distintas y válidas para enfrentarse al poder. En ocasiones aquel que está callando está enviando un mensaje más poderoso que mil personas gritando; aquellos que aceptan sin cuestionar pero dejan de hacer pueden sabotear al más poderoso de los amos; aquellos que deciden tomarlo todo pueden hacer cambios de fondo.

¿Y al poder qué le queda? Debemos de partir del hecho de que el poder no es uno sino la suma de muchos poderes, que en ocasiones van en sinergia, a veces se contraponen, uno vence a otro o se anulan. Por ley natural, el poder genera resistencia y esa resistencia también es poder pero en sentido opuesto. A diferencia de las cosas, el individuo es posibilidad y la posibilidad es poder. Es decir, el poder reside en todos y cada uno de nosotros. Entonces, aquello que nosotros denominamos poderes son sólo conglomerados de individuos en convergencia de poder, por lo tanto con mayor posibilidad, posibilidad de decir, de hacer y de tocar.

En la antigüedad quienes tenían mayor posibilidad de decir eran las religiones y su voz no podía ser desafiada pues se atentaba contra la voluntad de dios; en la actualidad son los medios de comunicación quienes tienen mayores posibilidades de decir y quien atenta contra ellos se les acusa de atentar contra el sentido común o peor contra la libertad de expresión. Pero a los medios no les interesa la voz del individuo, a menos de que la voz del individuo se útil para sus intereses, entonces sí se les acerca el micrófono y se le quita o se le niega cuando va en contra de dichos intereses (eso también es atentar contra la libertad de expresión).

Las voces de los medios no son más que las voces de los intereses de sus potentados. Si bien el quitar el micrófono, tomar la foto desde otro ángulo o no sacar cierta imágenes parece más inofensivo que matar o quemar a quienes se contraponen a la “palabra de dios”, es la indiferencia en ocasiones más cruel que la muerte misma, pues la indiferencia es el telar que oculta todas las tragedias inadvertidas para la historia, pero heridas sangrantes para la humanidad. El no hacer de los medios, es decir, no grabar, no tomar, no prestar el micrófono, nos lleva a la siguiente regla.

En la antigüedad quienes tenían mayor posibilidad de hacer eran los reyes, quienes –con ayuda del poder clerical y armamentístico- ordenaban a sus súbditos todos los quehaceres del reino; con el paso del tiempo los reyes perdieron poder, y fue la burguesía la que obtuvo la mayor

posibilidad de hacer, ya que por medio del dinero ordenaban a los obreros hacer. Para los hacedores parece que las cosas no han cambiado, pues en la antigüedad el que no hacía yacía en la calle como mendigo y en la actualidad resulta lo mismo. El control económico es también un medio cruel, pues por dinero se puede lograr que el individuo haga casi cualquier cosa, incluso, hay quienes dicen que cuando el individuo no quiere sólo hay que poner más dinero en la mesa; suponiendo que existe quien su dignidad no tenga precio, termina en la conclusión de que la dignidad puede hacernos sentir orgullosos pero no se come y no alimenta a nuestras familias.

Lo poseedores del capital no hacen lo que el individuo necesita, sino lo que el individuo quiere, el individuo quiere lo que los dueños de los medios quieren que quiera, los dueños de los medios quieren que el individuo quiera lo que los poseedores del capital pagan a los medios para que el individuo quiera lo que ellos hacen. La crueldad del dejar de hacer es que el hacer y no hacer es para los poseedores del capital una estrategia, pero para el individuo es la diferencia entre vivir y sobrevivir, es decir, estabilidad o pobreza. Hacer para vender, dejar de hacer para que lo que se vende se venda más caro.

En la antigüedad y en la actualidad han sido los gobiernos los que siempre han tenido las mayores posibilidades de tocar. Entendamos el tocar como lo que es, tomar algo que no es tuyo. El individuo que toma algo que no es suyo es un delincuente, a menos que esté protegido por la investidura del poder y la ley. Los gobiernos pueden expropiar, retener y confiscar. Las razones son variadas y los fines se abrazan en lo que es mejor para la patria. La patria se compone por todos, pero los que tienen mayor posibilidad de tocar pueden separar al individuo de la patria para definir que su perjuicio es el beneficio de la patria, es decir, le retiran su carácter de ciudadano, su protección de la ley, su seguridad, su integridad y en ocasiones su vida.

Interesante vida la nuestra, queremos lo que no necesitamos, creemos lo que no sabemos y somos hasta que desafiamos. Quien quiere lo que necesita y cree lo que sabe es un individuo pues posee su individualidad, es decir, es posibilidad. Quien quiere lo que no necesita y cree lo que no sabe en un sujeto pues está sujeto por el poder, es decir, su posibilidad está condicionada.

Es por eso que afirmo que el ser humano es solitario por naturaleza pero social por conveniencia. Pues el sujeto se asocia para que su posibilidad sean posibilidades, es decir, más poder. Entre más individuos se agrupan, mayor es su poder y mayores son sus posibilidades. El individuo se agrupa para protegerse y se extirpa cuando se siente desprotegido, por lo que intenta agruparse con otros desprotegidos para protegerse, para poder decir, hacer y tocar. Por eso la suma de la voces constituyen los medios de comunicación, la suma de la fuerza productora constituyen empresas y la suma de la política constituye el gobierno. A su vez del poder surge la resistencia, de los medios de comunicación nace la opinión pública, de las empresas los sindicatos y del gobierno los partidos. Y la suma de los pesos y contrapesos es la sociedad misma.

Qué queda al individuo. El individuo se limita a encontrar convergencias con otros individuos para agruparse, es decir, identidad; el individuo se limita a adaptarse a las creencias de otros, es decir, cultura; el individuo se limita a creer en lo que se le dice que crea, es decir, tradición o; el individuo hacer, dice y toca para generar convergencias en otros y que se agrupen en torno a él, es decir, liderazgo o rebeldía (según desde donde se mire). Al final, nuestra legítima defensa es hacer, decir y tocar o no hacer, no decir y no tocar. Eso o morir en el intento. (@TruGMA)

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