Concierto Político: Lo del Agua, al Agua

Por Bibiano Moreno Montes de Oca.

El tema del agua es cosa muy seria: es el elemento más importante para su consumo no sólo de los humanos, sino de los mismos animales y de las plantas. Así, su estado puro, incoloro e insaboro, resulta fundamental para la vida de millones y millones en el mundo entero. Por ello, pues, el tema hay que abordarlo con la seriedad que requiere.

El coordinador general de Investigación Científica de la Universidad de Colima, Alfredo Aranda Fernández, dijo en entrevista que la información sobre la supuesta contaminación del agua con arsénico “presenta algunos problemas de interpretación” y que, por lo mismo, “no es concluyente”, la Coespris informó que el lunes de la semana pasada se tomaron nuevas muestras, cuyos resultados serán dados a conocer al público.

Lo anterior lo declaró el investigador universitario tras aclarar que la Coespris (Comisión Estatal para la Protección contra Riesgos Sanitarios), dependiente de la Secretaría de Salud, ha informado que los estudios sobre la calidad del agua en Colima son permanentes y, por ello, con los resultados que se han obtenido se puede afirmar que no se ha detectado contaminación del elemento por arsénico.

El artículo Riesgos potenciales de salud por consumo de agua con arsénico en Colima, México, publicado por la revista Salud Pública de México, no es concluyente, dice el investigador de la UC, además de que la Coespris dio a conocer que, como se analiza el agua permanentemente, se puede concluir que no hay dicha contaminación en Colima.

Ahora bien,  ¿qué significa esto? Bien, que las instancias competentes en la materia ya fueron claras en torno a la contaminación con arsénico: no hay tal. Aun así, las nuevas muestras se darán a conocer en breve a la población, con el objetivo de que tengan certeza sobre la purificación del agua que beben, pues con la salud de la gente no se debe jugar.

Las declaraciones de políticos que insisten en decir que el agua está contaminada con arsénico actúan de mala fe, pues saben de los estudios que la Coespris hace constantemente y, desde luego, están al tanto también de las declaraciones del coordinador general de Investigación Científica de la Universidad de Colima, que desmintió el estudio que hizo y publicó su propia gente.

¿A quién creerle? ¿A las autoridades que saben sobre estos procesos de análisis del agua? O a los políticos que ni idea tienen del tema, pero que, por tener foro en los medios, desinforman a la sociedad sólo para sacar algún beneficio personal? Ni hablar: el asunto está muy claro, pero hay quienes  hasta babean por sentir la satisfacción de desinformar.

ENSEÑANDO EL COBRE. Algunos columnistas, conocidos como Las viudas de Jorge Luis o como Los huérfanos del mal, no niegan la cruz de su parroquia, pero sobre todo que enseñan el cobre a la menor provocación: perdieron en toda la línea al apoyar al hombre equivocado, pero no tienen empacho en demostrar que quieren colarse a la nómina oficial a como dé lugar.

Tal es el caso del columnista apodado La tartamuda, que le anda haciendo promoción a otro sujeto que grita a los cuatro vientos que quiere que le den lana, como si la administración estuviera encabezada por el corrupto senador panista. En fin: solitos se exhiben en su miseria moral, física y mental.

Pero a propósito de La tartamuda, echado a patadas hace algunos meses de las páginas del periódico Ecos de la Costa por su afición a hacer negocios al margen de las publicaciones en las que colabora, hay una pequeña historia que lo pinta de cuerpo entero.

Un líder sindical, al que curiosamente atacaba La tartamuda cada vez que se le presentaba la oportunidad, se encontró en el elevador del edificio en el que está la Secretaría de Administración en el Complejo Administrativo. Eran tiempos en los que esa dependencia estaba bajo el control de Jesús Orozco Alfaro, al que el columnista lo traía seco a punta de periodicazos.

Al encontrarse cara a cara con el líder sindical, marrullero y ladino, el columnista, haciendo honor a su apodo, sólo atinó a balbucir:

–Yo… yo… yo… mejor me… me… me… subo en la… la… la…  siguiente parada del elevador.

Antes de cerrarse la puerta, el líder sindical le dijo, a manera de despedida:

–Ya sé a dónde vas, pero yo te aclaro, como la canción de Juan Gabriel: no tengo dinero ni nada que dar.

Así, pues, cada quién fue a lo suyo a diferentes oficinas. Sin embargo, para la mala suerte de La tartamuda, se volvieron a encontrar a la puerta del elevador. De nuevo, el columnista prefirió irse por las escaleras, pero su interlocutor alcanzó a ver que, en el borde de la bolsa de la camisa, alcanzaba a sobresalir la punta de un jugoso cheque extendido por la Secretaría de Administración.

El líder sindical decía, pícaro, que la sonrisa de oreja a oreja que portaba el columnista  no hubiera podido borrarse ni con jabón de lejía.

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