Tarea Pública: El Peligro del Poder

Por Carlos Orozco Galeana

Tener poder es un peligro dijeron recientemente obispos mexicanos al tocar el tema de gobernantes del país que han sido relacionados con actos de corrupción. Como hay varios de ellos que entregaron malas cuentas, las del gran capitán, es que los escándalos trascendieron fronteras. Las fichas de búsqueda de algunos de ellos por Interpol se multiplicaron en medios nacionales e internacionales y no hubo semana en los últimos seis meses en que no se hablara de otra cosa más que de la rapiña de esos presuntos malandrines y de otros que ya son conocidos como tales.

“Es un peligro muy, pero muy grande, tener poder entre las manos; así es que recemos por los que nos gobiernan dada la debilidad humana porque siempre están en peligro, en la tentación por ver ahí cantidades de dinero, que son del pueblo; que se cuiden porque algunos llegan totalmente honestos y con buenos propósitos e ideales pero se dejan corromper con el tiempo”, dijo Gustavo Rodríguez, responsable de Justicia y Paz de la CELAM y arzobispo de Yucatán.

¿Que el poder representa un peligro para los que lo ejercen? Pues fíjese usted que sí. Lord Acton decía una frase que se hizo muy famosa: el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente.

Y entrar en corrupción, en un círculo vicioso que aniquila moralmente a las personas, significa que se usó la política para fines ajenos al servicio, al bien común. Es traicionar ideales, principios y valores, despreciar la humanidad, empequeñecer a la comunidad reduciéndola a un instrumento; es burla y desprecio hacia los de buena fe. El sistema nacional anti corrupción es por ahora un proyecto estancado porque así conviene que siga. Ni los ciudadanos creen en el laberinto del dizque sistema anti corrupción. Ya saben lo que hay al respecto, ya alguien dictaminó que nomás eso no pasa por ahora.

El poder sí es un peligro para los que llegan a él con grandes ambiciones, para los que ignoran que entre más alto es el cargo que se ocupa, más y mejor se puede y debe servir. Por ejemplo, en naciones europeas, habitadas por gente ideológicamente madura y resolutiva, esta se pone trucha y antes de votar a alguien averigua su procedencia familiar y antecedentes personales para saber de quién se trata.

Yo conocí a políticos hoy adinerados que, cuando buscaban el poder eran chavos con ideales, se veían limpios, (nomás por fuera, como los sepulcros blanqueados, pero ya tenían dentro un germen maligno que al final resultó ser su adn ) pero al paso del tiempo se convirtieron en tiburones de los presupuestos públicos o en hábiles traficantes de influencias y se dedicaron a cualquier cosa menos a servir. Me alejé de ellos, les huí, su reino era y es todavía pura roña. Esos han de haber pensado: que a servir se dediquen los sacerdotes o las madres de la caridad, pero no nosotros.

El poder es pues un peligro porque quien lo tiene corre el riesgo de enloquecer, solo vean a Maduro en Venezuela y a su antecesor Chávez; a Berlusconi, el cínico italiano que hizo lo que quiso en Italia cuando reinó; vean a los Castro que, si bien resistieron al imperio gringo, le hacen fuchi a la democracia porque los echarán; y luego Tener de Brasil y sumen entre los gobernadores mexicanos a los Duarte, a Yarrington, a Guillermo Cossío, a Padrés, a Amalia García, a Marcelo Ebrard y a muchos más que perdieron piso, defraudaron a sus gobernados.

Pongamos el poder, entonces, a buen recaudo. Seleccionemos a los mejores en el 2018, no a los demagogos ni a los más bonitos ni a los que gasten más plata en publicidad y prometan construir puentes con todo y ríos. Entreguémoslo a gente de bien, hurguemos en sus historias familiares, que sus antecedentes sean relucientes de limpios. Que atrás de ellos esté la historia de una familia honorable y unida por lo menos. Que no sean un peligro para todos.

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