Fotopensamiento: Viajes

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Por Diente de León.

Viajes

La vida ha sido generosa conmigo. Tengo suerte y confieso que a veces se me olvida. He podido recorrer carreteras de México y de otros países. He cruzado los mares y los cielos; he hablado y aprendido otros idiomas. He percibido olores, colores y formas de culturas tan ajenas a la mía. Gente. Demasiada gente, tan diferente a mí y a la vez no tanto.
Los sonidos de la montaña, los de la ciudad. Las luces naturales y las artificiales están en mi memoria listas para volver a hacerme suspirar, llorar o reír. Porque cuando viajas así es, eso pasa. Cuando viajas no volverás a ser el mismo o la misma que eras. Prometido.

Viajar nos abre los ojos a un mundo de posibilidades que ni sabíamos que podían existir…
Viajar me hizo comprender que el mundo está lleno de opciones y decisiones. Que hay que ser valiente, porque viajar no es para cualquiera. No es para aquellas personas que tienen toda su vida y cada detalle planeado después de los estudios, porque viajar obliga a cambiar de ideas y a reajustar prioridades. O al menos eso me pasó a mí.
A veces te pasa que no tienes ni idea de lo que haces. Te abruma el futuro, te inquieta el presente. Pero luchas, yo lucho siempre. Contra mí misma y contra todo lo que se ponga en medio de mis objetivos.

Me acuerdo que una vez leí que viajar era como coquetearle a la vida; como decirle “me quedaría contigo y te amaría, pero debo irme,  ésta es mi estación”.  Y así es,  así siempre ha sido. Me pasó y lo entendí. Entendí que está bien tener miedo, aprendí a desaprender (bueno, sigo en eso, soy necia, pues).
Aprendí  que no hay sentimiento más gratificante que el de ayudar a los demás. Compartir lo poquito que se sabe. Escuchar a las personas; ver el brillo en sus ojos cuando hablan de lo que más los apasiona en la vida. Entonces pienso “uf, eso quiero yo”. Seguir mis pasiones y al final poder ver la película de mi vida nominada a “mejor guión: drama, acción, comedia” con mi nombre como “mejor actriz”.  Si, ¿por qué no?

Y sobre todo, lo que más  he aprendido es a caminar con paso firme. A no temerle a mis propios sueños y a luchar por aterrizarlos, porque yo no sé ustedes pero muero por cumplirlos. Y no está fácil, ojo, pero lo que vale la pena nunca lo es. Nunca he sido la persona más paciente, pero me toca serlo. Porque hay que andar despacio cuando vamos lejos, dicen.

Y bueno, sí, observé un mundo hermoso, inmenso, vasto, muy loco, diferente, con un montón de cosas buenas todavía. Muy muy lejos de casa, lejos de todo lo que conocía.
Una vez me dijeron “allá es más bonito, se vive mejor.” No lo niego, si que es bonito, pero no lo considero mejor. Diferente, se vive diferente.

Si pueden viajen, en serio. A otro pueblo, otra ciudad, otro país, otro mundo… Yo qué sé.

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