TAREA PÚBLICA: Los Elogios Debilitan

halago 2Por Carlos Orozco Galeana.

El título de este artículo corresponde a la expresión de un deportista famoso que es portero del Real Madrid, Iker Casillas, quien es ejemplo por su alto rendimiento deportivo y por la sencillez que le es reconocida en gran parte del mundo. Como es atleta de alto nivel y por lo que es como persona, lo que dice es amplificado por los medios, como sucedió cuando dijo convencido: los elogios nos debilitan. Lo dijo a propósito de que su equipo de futbol traía una buena racha de triunfos, pero advirtió que no debían tomarlos como símbolo de que nadie los podía superar. Dijo entonces a los aficionados que los éxitos últimos de su equipo podrían ser fugaces.

Su sentencia podemos aplicarla a la vida diaria en lo general. Recuerdo al cantor argentino Facundo Cabral cuando dijo en una de sus presentaciones que al caballo lo acarician para montarlo, es decir, con las caricias busca la gente ganárselo para que no respingue y acepte tranquilamente al jinete, pues normalmente cuando un caballo rechaza a quien pretende empalmarlo, lo derriba fácilmente.

Los elogios no deben marearnos, pueden resultar fatídicos. Me pongo en los zapatos de los políticos profesionales, normalmente blanco de elogios al por mayor, interesados los más, cuando alguien les dice que siempre tienen la razón, que son muy brillantes y nunca se equivocan, que son infalibles, casi dioses, que nadie es más grande ni más guapo que ellos, que el sol, incluso, sale por ellos y que hay que darles gracias a los astros por iluminarlos con su luz, más o menos como dice la composición que sobre el mandón de la Habana, Fidel Castro, le hizo en una exposición un poeta cubano que era muy fino en sus protestas contra su régimen.

Sí, los elogios debilitan por mentirosos. Hay que estar muy atentos para hacer oídos sordos a los que te pueden bañar de miel porque quieren algo de ti. Por supuesto que, en la algarabía electoral y post, no faltan los que no pudiendo “envolver” a alguien para sus propósitos particulares inventen cualidades a otros para sacarles raja. No seamos, pues, débiles al halago pues perdemos autonomía. Al rendirnos ante los elogios interesados, renunciamos al pensamiento objetivo y renunciamos a ser nosotros mismos, con nuestras fortalezas y debilidades. Como mortales que somos.

Porque mentir para sorprender a otros es una herramienta fundamental para encajar en los cánones sociales y se hace a pesar de que la mentira no es aceptada moralmente. Ser además un mentiroso, y además patológico, no es bien visto, tal conducta es rechazada casi donde sea, a excepción de en algunos círculos de la política donde para prosperar y aún para sobrevivir hay que hacer gala de los subterfugios más inimaginables. No en balde se dice que en política es un arte comerse un sapo y decir qué rico es.

Y es que mintiendo a quien te puede otorgar un beneficio en la vida común, o halagando al poderoso en turno, pueden los desviados obtener provecho. Esta es la lógica en numerosos espacios de la vida. Casi a nadie le gusta que le digan sus verdades, la gente no está acostumbrada a saber de correcciones por fraternas que parezcan porque es soberbia por naturaleza. Como me gusta hablar con la verdad, dejé de participar en actividades de asesoría en algunos espacios gubernamentales, porque lo que argumentaba a veces lastimaba el ego de algunos.

Renunciemos a la práctica del halago para obtener fines impropios, es bueno dar y recibir elogios pues mejoran nuestra autoestima y logramos una influencia positiva sobre nuestra personalidad y nuestro carácter. Si alguien nos señala nuestros errores, hagámosle un monumento en nuestro corazón por el bien que nos hizo. No le rechacemos porque nos clavaremos nosotros mismos la daga de la insensatez. Luchemos a la buena para conseguir lo que pretendemos sin sorprender a otros porque esto es una vileza. Los elogios debilitan y el engaño nos deforma la mente y convierte en seres viles. En chatarra espiritual. Ni más ni menos.

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