CONCIERTO POLÍTICO

John GrishamEstos días de veda electoral los aprovecharé para publicar mi columna de culto con reseñas de novelas que me parecen interesantes. Hoy le hinco el diente a El testamento, una historia del escritor gringo John Grisham.

UNA INTRIGA ABOGADIL. Una de las cosas más importantes de la vida, puesto que nos la harían cambiar para siempre, es llegar a recibir una herencia algún día. Más aún: el cambio sería radical en nuestra rutina si se considera que la fortuna a recibir es nada menos que la de uno de los hombres más ricos de Estados Unidos, Troy Phelan, que asciende a los 11 mil millones de dólares.

Con esa premisa se desarrolla la novela El testamento, donde el autor, John Grisham, narra la apasionante historia de un poderoso empresario cercano a los 80 años de edad que odia a sus seis hijos (producto de tres matrimonios con mujeres a las que igualmente aborrece), sobre todo porque detesta tener que legarles una impresionante fortuna a unos herederos que no le merecen nada en absoluto.

Al principio, los dos primeros capítulos son narrados en primera persona por el viejo multimillonario Troy Phelan, donde hace un somero análisis de la clase de parásitos que tiene por hijos y exesposas, que también esperan una buena tajada de la recompensa que les corresponderá a los seis vástagos (uno más está muerto a consecuencia de un accidente de tránsito, pero eso ni le preocupó nunca al poderoso hombre de negocios, que también no es ninguna perita en dulce).

Así, tras la sorpresiva forma en la que el padre decide hacerles pasar una última mala jugada a sus supuestos herederos, realmente comienza lo interesante de la novela El testamento, pues un abogado alcohólico y drogadicto en recuperación debe lanzarse a buscar en el inmenso Brasil a la heredera universal de la cuantiosa fortuna que le es dejada. Se trata, por cierto, de una hija ilegítima procreada con una mujer ya fallecida y con la que vivió un corto romance el viejo, que se las daba de mujeriego empedernido por su desahogada posición económica.

Lo paradójico del caso es que la única heredera de la enorme fortuna es una misionera de 42 años de edad que trabaja con los indígenas ipicas del Pantanal, una región brasileña así denominada y que se encuentra ubicada en los estados de Mato Grosso y Mato Grosso do Sul. La mujer, Rachel Lane, resulta estar en las antípodas de sus otros hermanos que ansían heredar la inmensa fortuna de su padre, pues el ser parte de lo que se denomina Tribus del Mundo la convierten prácticamente en una mujer a un paso de alcanzar la santidad.

Como es lógico, los seis hijos de los tres matrimonios de Troy Phelan son dibujados como unos auténticos buitres, el lugar común que se emplea para referirse a unos familiares ambiciosos, cegados por la codicia, a los que no les interesa mínimamente que haya muerto su padre, que se le considere mal de sus facultades mentales y hasta que se le catalogue como un monstruo, si con ello se puede contribuir a obtener el preciado tesoro.

En una hábil maniobra que logran hacer el viejo y su abogado, el testamento original es sustituido por otro hecho a mano y que es el que vale, anulando la posibilidad de que la fortuna sea dividida a partes iguales entre los seis hijos de Troy Phelan. En ese punto, John Grisham se divierte mostrando las reacciones de los supuestos herederos al recibir la mala nueva:

“El pánico se apoderó de los Phelan, pero no podían hacer nada. ¿Acaso el viejo los había jodido por última vez? ¿Se les estaba escapando de las manos el dinero? A lo mejor, el viejo había cambiado de idea y les había dejado mucho más de lo que ellos esperaban. Sentados en torno a la mesa, los herederos daban codazos a sus abogados, que se mostraban, a pesar de ello, notoriamente taciturnos”.

El abogado Nate O´Riley llevaba varias recaídas como alcohólico y drogadicto. De hecho, se encontraba en un centro de desintoxicación cuando son requeridos sus servicios por el abogado de Troy Phelan, bufete para el que ha trabajado por espacio de 20 años. En todas sus recaídas ha sido apoyado por Josh Stafford, su jefe y amigo, quien decide enviarlo al Pantanal de Brasil para localizar a la heredera universal de la fortuna.

A este respecto, la trama abogadil que hasta entonces impera en la novela y que tan bien conoce el autor por haber sido él mismo abogado, da un vertiginoso giro al de la aventura en los exóticos parajes de la selva del Amazonas, donde se adentra el abogado Nate O´Riley para notificarle a Rachel Lane (antes Rachel Phelan) que es la heredera de 11 mil millones de dólares (en realidad, la mitad de esa cantidad, si se consideran los altísimos impuestos que se tienen que pagar al gobierno de Estados Unidos, donde se desarrolla la mayor parte de la historia).

Así, entre las pequeñas intrigas de los abogados de los herederos de la fortuna de Troy Phelan, la creación de testigos comprados para poder impugnar el último testamento del viejo y la búsqueda de la misionera a la que no le interesa un centavo, El testamento nos sorprende con un final inesperado, lo que nos lleva a aceptar la habilidad de John Grisham para crear historias verosímiles, intensas y llenas de enseñanzas.

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