TAREA PÚBLICA: El ejemplo arrastra

ejemploPor Carlos Orozco Galeana.

Es lugar común decir que las palabras se las lleva el viento por no tener el mismo peso o significado que los actos reales efectuados por las personas en su vida ordinaria. Por ello se dice que ellas convencen pero que el ejemplo arrastra. Es decir, lo que vale de las conductas es la congruencia de los actos en si al corresponderse el decir y el hacer.

Los adultos critican el modo de ser de las generaciones nuevas, a las que exige compromiso, respeto, transparencia, lo que en ocasiones no pueden satisfacer ellos mismos. No es fácil actuar en la congruencia porque eso implica ejercicio de deberes, responsabilidades forzosas e ineludibles, comportamientos que reflejen un interés real sobre las cosas. No hay convencimiento mayor que el testimonio verídico sobre las hábitos.

En abril de este año, tuvo lugar en Colima una jornada nacional de prevención de adicciones que se realizó en 456 planteles de educación media superior y ubicó a unos 600 mil estudiantes de este subsistema. El objetivo fue crear conciencia social mediante charlas, cine debates, testimonios de vida conferencias y otras actividades de apoyo para evitar que a temprana edad los jóvenes prueben el tabaco o el alcohol, substancias dañinas que cuando nadie lo espera, silenciosamente, causan adicción.

El llamado de los organizadores fue como un S.O.S para que autoridades educativas y gubernamentales en general, y familias incluidas, promuevan acciones conjuntas para “hacer un muro” que aleje del riesgo a niños y jóvenes ante las adicciones que conllevan a destruir la vida individual y familiar. Cierto es que ellos son parte débil ante sujetos sin valores o ante la acción abierta e ilegal de las organizaciones delincuenciales dedicadas a promover el consumo y la venta de droga. Una idea que planteó el sector educativo del nivel medio superior es que maestros y padres de familia deben usar los libros contra la ignorancia y la desinformación y las adicciones, a debatir en las aulas sobre la naturaleza, causas y efectos del

consumo de drogas, alcohol y cigarros, e introducirlos en el mundo del saber científico, a experimentar el conocimiento que libera.

Las adicciones son enormemente dañinas, desequilibran y dañan al cuerpo social puesto que su impacto va contra el sujeto y sus familias, y contra la misma comunidad. Los gobiernos, hasta donde estoy enterado, no disponen de presupuestos asignados para tratar concretamente las adicciones, por los adictos tienen que rascarse con sus propias uñas y localizar, si tienen suerte, organizaciones altruistas dedicadas a la lucha contra ellas y que funcionan mediante donaciones de particulares y algunos apoyos, estos mínimos, de índole gubernamental.

Las familias han de estar atentas a las conductas anómalas de sus hijos en el período de la adolescencia en la que pueden ser sorprendidos por lo que ocurre alrededor de su entorno; los últimos tiempos, la oferta de drogas se ha multiplicado y a los carteles no les falta vigor para seguir con su comercio infame que daña vidas. No les importa si estas son de niños o jóvenes.

Se puede contrarrestar los riesgos de caer en el consumo de drogas dialogando y estando al pendiente del comportamiento de los adolescentes, demostrándoles el amor que se les tiene, orientándolos con sabiduría y oportunamente. Los vicios llegan sigilosamente.

Generalmente, la desgracia se aposenta cuando los padres no dan amor ni atención a la progenie; piensan que ser padre es aportar solo al gasto familiar y que la conducción pertenece a la madre que a veces no tiene los elementos fundamentales para hacer esta tarea.

Peor todavía cuando los padres, en vez de dar amor del bueno y cobijo emocional a sus hijos, solo les dan dinero para que satisfagan sus necesidades lo más ampliamente posible. Ya puede usted imaginar los resultados dada la promoción incesante que hay en Colima de bebidas alcohólicas y de, en ciertos territorios, venta de droga: pura perdición.

Gobierno y sociedad han de ir de la mano en la lucha contra los vicios. Piénsese no solo en la situación actual, tan deforme en valores, sino en las condiciones que están construyéndose hacia el futuro. No debe permitirse

la destrucción moral, masiva, de nuestra gran riqueza: la juventud, la niñez. Cada uno de nosotros, hagamos lo que nos toca, sin olvidar que las palabras se las lleva el viento, pero que el ejemplo arrastra.

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