CONCIERTO POLÍTICO

senadoresSOY LEYENDA… NEGRA. Las senadoras Lilia Merodio Reza y María Elena Barrera Tapia coincidieron en un punto toral: un senador no puede ganar 62 millones de pesos, mucho menos si apenas va a la mitad de su periodo legislativo, que es de seis años. Obvio: no se los gana legalmente, pero sí se los puede echar a la bolsa a base de corruptelas, trácalas, transas y todo lo demás a lo que es tan afecto Jorge Luis Güicho Domínguez Preciado Rodríguez.

Hay que aclarar, empero, que un senador sí gana muchísimo dinero; tanto así, que ofende a la dignidad de los explotados asalariados (del tipo, por ejemplo de los que laboran en La Marina Mercante, cuyo negrero patrón es Guillermo Brun Solórzano), que no llegan ni a los 3 mil pesos de salario mensual. Los senadores de la República, en cambio, se llevan a su cuenta bancaria cerca ¡del medio millón de pesos al mes!

No es fácil que un senador –del partido que sea— admita que gana 500 mil pesos mensuales, pero sí es cierto que obtienen esa cantidad, si bien no todo está considerado en el sueldo nominal, dado que se incluyen bonos y otras prestaciones; por ejemplo, el pago por cada comisión en la que se participa (algunos están en dos, en tres y hasta en más), especialmente si se preside. Así, pues, entre sueldos y prebendas propias de la posición, el monto de lo obtenido anda por el medio millón al mes.

La propia senadora Layda Sansores lo admitió hace poco como ingreso mensual en su declaración patrimonial, en su calidad de candidata de Morena a la gubernatura del estado de Campeche. Por supuesto, la chaquetera hija de Carlos El Negro Sansores Pérez, ex presidente del CEN del PRI a fines de la década de los 70, no va a ganar la posición que busca, pero una cosa dicha por ella es bien cierta: como senadora sí se embolsa 500 mil del águila cada mes.

Es obvio que la cantidades varían entre un legislador y otro; sin embargo, lo que queda bastante claro es que el senador con licencia, hoy candidato del PAN a gobernador del estado, es de los que se servían con la cuchara grande en el Senado de la República, donde el enanín Gustavito Madero tuvo a bien convertirlo en el pastor mayor de la borregada blanquiazul, nada menos que en sustitución del Mister Beam Ernesto Cordero Arroyo.

El ex diputado local y ex diputado federal era de los que hacía bailar al son que les tocara a sus compañeros de bancada en el Senado de la República, es decir, entregaba premios millonarios a los que se alineaban, pero al mismo tiempo castigaba a los que se rebelaban. Así, al muy clásico estilo porril ajustaba cuentas con la disidencia, con la plena bendición del pigmeo Gustavito Madero, sensei de Güicho Domínguez Preciado.

Vamos a echarle lápiz al asunto: en tres años de cobrar como senador, a razón de medio millón mensual, Jorge Luis tendría legalmente una fortuna de 18 millones de pesos. Como diputado federal, a razón de 300 mil mensuales, en tres años obtuvo 10 millones 800 mil pesos. Como diputado local, a razón de cien mil al mes, se hizo de 3 millones 600 mil pesos. Sumada esa cantidad da un total de 22 millones 400 mil pesos.

Ni siquiera sumados todos sus ingresos se acerca a los poco más de 62 millones de pesos que el periódico Excélsior le descubrió en bienes al que sólo ha declarado contar con un patrimonio de casi 5 millones de pesos. Tuvo otros empleos no tan bien pagados (como cuando fue presidente del CDE del PAN), razón por la cual ni en sueños alcanza a llegar a los 62 millones, pues también hay que considerar que el tipo tiene muchos gastos (sostener a la familia cuesta) y los intereses no dan como para multiplicar su fortuna real (22 millones 400 mil pesos) en tales proporciones.

¿De dónde salió el resto de los millones? En efecto, así como lo hacen notar las colegas del senador con licencia, no fue de su sueldo honesto; por tanto, tuvo que haber por ahí alguna movida corrupta. Pienso, por ejemplo, en la millonaria suma que le carranceó a los “pinches inditos” a los que estaban destinados, por conducto de programas sociales de la Sedesol de tiempos de Josefina Vázquez Mota, asunto documentado por José Reveles. O sea: ahí es de donde se hizo de mulas Pedro. No le busquen más.

Por cierto, las senadoras Merodio Reza y Barrera Tapia hicieron notar lo que ya se perfila como la leyenda negra de Güicho Domínguez Preciado, quien mostraba su carácter conflictivo ante sus propios compañeros de bancada que no le eran afines, lo que me recuerda su breve paso por el Congreso local, cuando por segunda vez fue diputado

.Así, con su antecedente de diputado federal, a Jorge Luis la Legislatura local se le hizo chiquita, razón por la que echaba a la basura los acuerdos que sus propios correligionarios habían amarrado con las distintas fuerzas representadas, bajo el argumento de que primero tenían que “negociar” con él. (Debe entenderse que “negociar” con él se traducía así: ¿de a cuánto va a ser mi mochada?).

Fue tanto el protagonismo de Güicho Domínguez Preciado, pues, que los priístas le hicieron una jugada maestra en la que sus propios compañeros del PAN (hartos de soportar a ese chivo en cristalería) participaron. Al final, lo echaron del Congreso del Estado a bastonazos en las costillas mediante una maniobra legal que lo mantuvo ocupado el resto del periodo constitucional de esa Legislatura, porque el tipo amenazaba con regresar, después de cobrar su jugoso sueldo apenas los primeros tres meses.

Con pena, las senadoras consideran que Jorge Luis tendrá que regresar al Senado de la República, una vez que los colimenses le hayan puesto una soberana paliza en las urnas el próximo 7 de junio. Ni modo: preferible que lo aguanten otros tres años los senadores, a tenerlo que aguantar todo Colima por seis años.

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