CONCIERTO POLÍTICO

Guillermo Brun SolórzanoEL HONOR DE LOS BRUN. Reputados como los empresarios de más tradición en Colima, con innumerables negocios de todo tipo, los integrantes de la dinastía Brun –de origen francés— suponen que los colimenses debemos estar más que agradecidos con ellos por vender en abonos su mercancía. Bueno, por lo que a mí toca, no les debo nada y, por consiguiente, nada tengo por agradecer.

El hecho de que la dinastía Brun –con más de un siglo en el negocio— haya generado miles de empleos (que no son, ni por mucho, de los llamados de calidad) no los exenta de las responsabilidades a las que están obligados todos los empresarios, máxime los que se las dan de generosos y de caritativos, lo cual es totalmente falso desde el momento en el que nos damos cuenta la forma en la que explotan a sus miles de empleados.

Un ejemplo claro es el de la tienda departamental más emblemática de la dinastía Brun –para la que la fecha del 5 de mayo es día de duelo—, La Marina Mercante, paga a sus trabajadores un salario raquítico, de tal suerte que apenas andan por los 2 mil 500 pesos al mes. Lo peor de todo es el hecho de tener que laborar con un horario quebrado, es decir, van por las mañanas y van por las tardes (con dos horas para ir a comer), lo que hace imposible que la persona pueda tener un segundo empleo para incrementar su miserable sueldo.

En otros empleos el horario es –pongamos el ejemplo con los trabajadores de Telcel— de 9 de la mañana a 3 de la tarde: sólo seis horas laborables. El otro horario es de 3 de la tarde a 9 de la noche: seis horas laborables también. El sueldo y comisiones hacen que el trabajador obtenga un promedio de 4 mil pesos mensuales: casi el doble. Lo más importante de todo: su horario es fijo y, por consiguiente, con la posibilidad de desempeñar otro trabajo o de estudiar.

¿A qué viene todo este rollo? Bueno, resulta que Guillermo Brun Solórzano, que funge también como presidente de la Coparmex, recientemente se quejó amargamente porque le cayó una auditoría a sus empresas. El tipo, como todo chillón que se precie de serlo, sospecha que tal desgracia le cayó nada menos que a él por participar en un movimiento al que se denominó absurdamente: ¿Cómo vamos? Colima (¡zas!).

Está muy claro que la buena redacción y el adecuado uso del lenguaje no se les da ni a los políticos ni a los empresarios (bueno, tampoco a los académicos que son apantalla pendejos), que utilizan los signos de interrogación y de admiración de manera arbitraria, aparte de apuñalar de muerte a la sintaxis. Supongo que los que crearon tal engendro quisieron decir, en una forma correcta, lo siguiente: ¿Cómo vamos, Colima? Porque si la pregunta iba dirigida a Colima, es obvio que la figura del vocativo se la pasaron por el Arco del Triunfo con la imbecilidad del ¿Cómo vamos? Colima.

El caso es que el sospechosista del Guillermo Brun considera que la auditoría que le cayó es debido a su participación en tal engendro gramatical, por lo que se dice perseguido político del gobierno estatal y pone el grito en el cielo, pues en 30 años nunca le habían hecho semejante canallada. Bueno, ¿qué quería el sujeto? Como empresario que es, bien sabe que está expuesto a que el gobierno federal lo llame a cuentas tarde o temprano. En última instancia, debe conocer el adagio popular: el que nada debe, nada teme. ¿Por qué llora antes de que le peguen?

Pero a este respecto, la administración estatal sacó de su error a un Guillermo Brun que anda paranoico: las auditorías las determina el SAT (o sea: la Secretaría de Hacienda), mediante un sistema informático aleatorio, no el gobierno del estado de Colima; más aún, la auditoría fue definida por el SAT desde el 16 de abril, y no apenas doce horas después de realizado el ¿Cómo vamos, Colima?, como lo quiere hacer creer el lloricón del Guillermo Brun.

De acuerdo con información del propio gobernador del estado y de la titular de la Secretaría de Finanzas y Administración, Mario Anguiano Moreno y Blanca Isabel Ávalos Fernández, respectivamente, el gobierno de Colima no determina ni el procedimiento, ni las personas ni mucho menos variar a voluntad los resultados que arroja un sistema informático establecido que se realiza en la capital del país en las oficinas centrales del SAT.

Como es natural, a Guillermo Brun le han salido sus defensores del lado panista, si bien la dinastía de origen francés es políticamente oportunista: se entiende muy bien lo mismo con priístas, con panistas o con perredistas. Pero por su formación y sus valores, los millonetas de referencia tienen más afinidad con el PAN. Por eso han sido los vocerdos panistas los que se rasgan las vestiduras por lo de la auditoría que le cayó encima a los propietarios de La Marina.

Por lo que se refiere a La jaula de las locas, no resulta raro que la madame más antigua, Héctor Tacones lejanos Sánchez de la Madrid, salga en defensa de los auditados Brun: se mira en el mismo espejo. En ese pasquín de marras también cojean de la misma pata, aunque ahí sí resultó Hectorín todo un delincuente de cuello blanco, con una evasión millonaria de impuestos.

¿Se acuerdan de los encabezados a ocho columnas en Ecos de la Costa y en Panorama, los dos únicos medios informativos que dieron a conocer sobre la auditoría en la que Tacones lejanos Sánchez de la Madrid le birlaba el IVA a la Secretaría de Hacienda? Por eso saltan ahora en La Jaula de las locas para defender el honor del milloneta presidente de la Coparmex en Colima.

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3 Comentarios

  1. Aaron Cortes

    Me resulta repugnante el articulo, ya que obviamente parece que alguien se va a quedar sin trabajo por que su candidato pierde.

    Lo que representa como vamos? Colima es simplemente la participacion de la gente y el seguimiento a lo que prometen los candidatos.

    Pero claro a los que no han firmado sus compromisos les pega que un movimiento asi tan responsable tome fuerza porque no se piensan comprometer. Otra vez “prometer hasta meter”.

    En cuanto al empresario Guillermo Brun y con la fuerza que lo acompaña Coparmex, el movimiento toma importancia y les preocupa a los candidatos y los grupos que representan. Ya que se ven cerradas las puertas al enrequecimiento y poder.

  2. Marco

    ¿Y se dice usted periodista? Dios nos libre. Primero hay que informarse (mínimo). El nombre de la asociación es “¿Cómo Vamos?” y si investigara un poquito se daría cuenta que hay varios capítulos o sedes: Colima, Nuevo León, Jalisco, etc., etc.
    Por lo anterior, el nombre no está mal escrito sino que su “información” es incorrecta. Póngase a investigar primero.
    ¿Segundo, ahora ya le lame las botas a Nacho? ¿Ya se le olvidó tooooodo lo que escribió de él cuando usted suspiraba por Federico Rangel? ¿Ya le dio miedo como a los demás pseudoperiodistas de Colima y para no quedarse sin su chayote apoya, ahora sí, al candidato del partido oficial? ¿O ya le llegaron al precio? Lo bueno es que en esta era de internet, todos sus artículos (mal escritos, vulgares y llenos de apodos que sólo demuestran su resentimiento social) quedan grabados para la posteridad.
    En fin, usted tiene de periodista (y buen escritor) lo que Peña Nieto de buen presidente.

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