Concierto Político: Me canso, ganso, que no es cierto

Por Bibiano Moreno Montes de Oca

Una sentencia popular utilizó Andrés Manuel López Obrador, en su mitin de este miércoles en el Jardín Libertad de la capital del estado de Colima, para referirse a su firme decisión de que acabará con la corrupción antes de seis años. “Vamos a acabar con la corrupción; me canso, ganso, no en seis años, en menos, vamos a desterrar la corrupción del país”, sentenció muy orondo el precandidato presidencial de la coalición denominada  Juntos Haremos Historia.

Aunque no estamos aún en campaña, sino en precampaña, todo se puede esperar de un candidato que lleva 18 años de campaña permanente. Por esa simple razón no creo en esa declaración que se hace al calor de la (pre) campaña. No es que sea saludable que un (pre) candidato presidencial ofrezca combatir la corrupción, algo que es música para nuestros oídos; sin embargo, no le creo absolutamente nada de sus dichos por varias razones.

No le creo nada a López Obrador, porque toda esa retórica anti corrupción es parte del discurso de siempre, pues para una tarea de semejante envergadura tendría que estar rodeado de personajes íntegros, honrados, decentes, honorables e intachables; pero ya vemos de la clase de ratas que se le han unido, antes y ahora. ¿Cómo creer que el macuspano habla en serio, si con voltear a mirar a la gente de que está rodeado sabemos de inmediato que no podrá hacer nada de lo que promete?

Basta ver a Manuel La cuchara de palo Bartlett (el responsable de la caída del sistema en la elección de 1988), a Martí El puercoespín Batres (que distribuía alegremente entre la población la leche Bety, contaminada con mierda), a Yeidkol Polevnsky (responsable, junto con Andy, el hijo consentido de ya saben quién, de operar transacciones de dinero de origen sospechoso), de Alfonso Romo (el corrupto empresario beneficiado con el Fobaproa), Lino Korrodi (el operador de dinero sucio desde tiempos de Vicente Fox), Elba Esther Gordillo (la que se enriqueció con las cuotas sindicales del SNTE y que por eso pasó unas vacaciones en la cárcel), de Porfirio Muñoz Ledo (que cambió el gobierno de Nayarit por una senaduría en sus tiempos de presidente del PRI), etcétera, para darnos cuenta que AMLO estaría atado de manos para atacar a la corrupción.

La lista de nombres de corruptos es interminable, pues igual abundan los que han sido acusados de formar parte del crimen organizado, ya sea por su participación directa en algún cártel, por lavado de dinero o por asuntos similares, lo que hace enarcar la ceja a más de uno por esa peregrina idea de otorgar amnistía a todos esos depredadores, a los que ve con mejores ojos que a los mismos políticos, aunque éstos sólo tienen que ir a pedir perdón ante el Pejehová para salir bien  “purificados”; más aún, rechinando de limpios.

Por supuesto, los corruptos están en todos los partidos, pero AMLO llama más la atención porque dice que él es diferente. ¿Diferente en qué? Si se recuerda, el tabasqueñito depredador había vivido muchos años sin trabajar, hasta que se asignó un sueldo a raíz de que se creó su partido, que es Morena. El último empleo que tuvo fue de jefe de gobierno del entonces DF, pero lo abandonó a fines de 2005 para ir por primera vez en busca de la presidencia.

Así, por casi una década (hasta la creación formal de Morena en 2014, que empezó como una asociación en 2011), el Pejetrump no tuvo un trabajo fijo y, por tanto, un salario desquitado; sin embargo, viajaba por todo el país y hasta por el extranjero, con un tren de vida impresionante. En buen plan, me gustaría que me pasara la receta, pues por unos meses que yo no tuve ingresos casi se colapsa la familia entera, sin poder a la fecha equilibrar nuestras finanzas caseras.

El Pejeführer alega que vive de las regalías de las ventas de sus libros (que no escribió, pues con trabajos hilvana una frase), pero esa es una falsedad del tamaño del mundo: al menos en México, ningún escritor vive de eso, por lo que tiene que buscar otros ingresos. Se defiende también cuando dice que la gente le da dinero, lo que más bien lo pone en calidad de limosnero, algo que tampoco es.

Además, el Pejestalin no paga impuestos ni hace su declaración ante el SAT; en suma, no ha hecho su 3de3, como sí lo han hecho los otros candidatos, pero que a él se la dejan pasar para que no se victimice, algo en lo que es experto. Así, pues, si añadimos que las leyes habidas y por haber también se las pasa por el Arco del Triunfo, al estar en campaña permanente desde hace casi cuatro lustros, sin que los inservibles consejeros del INE lo llamen a cuentas por anticipadísimos actos de campaña, tenemos en claro algo: me canso, ganso, que el Pejealá no podría cumplir con lo que hoy promete.

No podría no porque no se pueda, sino porque las ratas de que está rodeado no lo permitirían, aunque debo reconocer que, en el fondo, el Pejeremías sería un buen presidente… los primeros seis años. Los demás sexenios que permanezca en el cargo, quién sabe.

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