Tarea Pública: Los Medios en su Laberinto

Por Carlos Orozco Galeana

Uno de los periódicos más críticos y de mayor historia de México, La Jornada, enfrentó el año pasado uno de sus momentos más difíciles. En uno de sus editoriales, advirtió que “la viabilidad de la empresa está en juego”. Para sobrevivir, el diario propuso al sindicato reducir los sueldos para evitar los “despidos masivos”. Esos problemas se debieron a una crisis generalizada del periodismo y a una “distorsión” en sus finanzas, que llevó al medio a destinar el 90% de sus ingresos en el pago de salarios y prestaciones.

En los últimos años, poderosos grupos editoriales se han visto forzados a desaparecer o recluirse en las plataformas digitales con una fracción del personal que antes tenían. De acuerdo con la firma Ernest &Young, sólo el 5% de la inversión en publicidad en México es para la prensa y otro 3% para las revistas. “El bajo nivel de lectura y la poca penetración de Internet hacen que los mexicanos pasen la mayor parte de su tiempo viendo la televisión. Y señala que por cada cuatro horas diarias que pasa un mexicano frente al televisor, sólo dedica 26 minutos a los periódicos”. Este dato es revelador de la atracción que siente la gente por hacerse de información con más facilidad, sin casi esforzarse.

Ese diario de izquierda nació el 19 de septiembre de 1984 al ser fundado por un grupo de periodistas que había trabajado en Excelsior hasta que el expresidente Luis Echeverría tomara el control para censurar las críticas a su gobierno. De ese tiempo para acá, La Jornada ha jugado un papel relevante en la transición democrática de México con una línea editorial progresista que no ha variado un ápice. Una línea que no perdona los errores de la gente del poder, que averigua y propone, que no calla ante hechos que significan amenaza para el país o para los derechos de los mexicanos, así le asesinen con frecuencia a algunos de sus comunicadores. De algún modo, es la voz de

México, aunque se le cuestiona mucho que no critica casi jamás a líderes y funcionarios afines a su línea ideológica.

“Pero no es tan solo por eso – por el bajo nivel de lectura y la poca penetración de internet – que es tan visible el desplome de muchos medios, sino porque se han alejado de sus lectores y estos de ellos por ocultar la realidad social o por presentarla a su modo”.

La baja de la lectura de medios impresos, se explica también por la irrupción de las redes sociales como facebook y tweeter y youtube, mediante los cuales los usuarios acceden libremente a un sinfín de materiales – información fresca, sin censura aunque a veces falsa e interesada – sin esperarse a otro día. Hoy, millones de personas están informándose desde sus sitios de trabajo, en la fábrica, en los talleres, en los cerros, en los cielos y en todo lugar y con cuotas atractivas.

Ahora, los medios más avispados están prestando mayor atención a las nuevas formas de negocio en la web y hacen su transición digital en donde se enfrentan a retos como:” funcionar dentro de un nuevo ecosistema para ellos, romper con sus estructuras de lo tradicional y buscar un modelo de negocio que los ayude a mantener el medio y posicionarse mejor”.

Medios – impresos y radiofónicos – han de alejarse de intereses distintos a los de informar apegados a una línea ética y crítica si quieren conservar preferencias. Si se deciden a tiempo pueden lograrlo. Tienen que desligarse de sus tratos con el poder- los que los tengan, claro – o de plano resignarse a un futuro no tan cierto para ellos.

Hoy tenemos a una sociedad más exigente y comprometida con una vida más democrática y con valores universales. No entenderlo es comenzar a cavar la tumba del fracaso por parte de quienes, diciéndose interlocutores con la sociedad, no entienden los nuevos tiempos.

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