Nosotros: Navidad, Juguetes DIF a mis escolapios

Por J. Ángel Ramírez López

  • Esos regalotes bien merecidos
  • Lo que no hace la burocracia magisterial

Aprovechando mi capacidad de liderazgo en mi colonia INFONAVIT, en mis años mozos y contando con el apoyo del entonces gobernador Elías Zamora, del entonces diputado Carlos de la Madrid y del alcalde José Luis Santana Rodríguez, gestioné en beneficios comunitarios cuando fungí como instructor comunitario del CONAFE en La Villa y Colima.

Era diciembre de 1977 cuando fui enviado como instructor a la comunidad a Picachos, en Villa de Álvarez, donde organicé a la comunidad y solicité el apoyo de un camión de redilas, que se me facilitó, y junto con 10 padres de familia, que eran meros campesinos, acudimos un sábado por la mañana con el alcalde Carlos Silva Gudiño a gestionar apoyos.

Después de pedir audiencia y entrar a su despacho, el alcalde autorizó pintura para el aula y la casa del profesor, alambre de púas para el área perimetral, escobas, trapeadores, cubetas, cinco balones de voleibol y dos redes para la cancha de tierra, para transformar así, por primera vez, esta escuela sucia y en manos de la burocracia magisterial cobraquincenas.

El alcalde nos felicitó por esta capacidad de gestión, pues el pueblo pondría la mano de obra, por lo que aproveché esa coyuntura para barrer y pintar todas las calles y accesos de “Pichachos”, y dejarlo como un pueblo limpio, irreconocible. Se me premió por ese trabajo en el CONAFE y se me dejó elegir una comunidad más cercana, previa justificación.

Y es que la política del Consejo Nacional de Fomento Educativo era que viviéramos los 5 días hábiles de la semana en el lugar para atender la educación de los niños de primaria y asesorar a los padres de familia, recibiendo a cambio una beca, hospedaje y alimentación; esta última muchas veces no obtuve porque había gente que no tenía ni para comer.

Pues elegí trabajar en una colonia que en ese tiempo no tenía nombre, pero que yo llamé Los Viveros, al sur de El Costeño, de la capital, lo que hoy es la Juana de Asbaje, donde levanté un censo y encontré 38 niños en edad escolar pero sin acudir a la escuela por lo peligroso del bordo de carretera. Ahí fundé una escuela primaria en terreno prestado.

Llegué los primeros días de diciembre, pero encontré un pueblo conflictivo, pleitista, pues hasta los padres y madres de familia vivían de la greña, lo que hizo que al término de cada clase yo mismo formara a los niños y los entregara casa por casa, para evitar conflictos, y organicé reuniones de padres de familia para fomentar la convivencia social.

Luego vino el orden y la paz. Un jueves 17 de diciembre hice una reunión de padres de familia y solicité un camión grande, de redilas, para trasladar a los niños al DIF Estatal. Un empresario cercano, piadoso, proporcionó el vehículo, por lo que el vienes 18 de diciembre, último día de clases, llevé a los niños al DIF y sin cita previa para evitar la burocracia.

Bajamos, y los niños formados cruzaron la Calzada Galván, apoyados por un agente de tránsito. Entramos al DIF y hablé con la directora, quien nos recibió y saludó a los niños, y a la brava pedimos regalos y juguetes. Hicieron entrar a los chicos al auditorio y les pasaron películas de Tom y Jerry, además de que los entretuvieron con refrescos y palomitas.

Eso ocurría mientras discretamente extendían un cheque al chofer y lo enviaron a una tienda comercial a conseguir regalos y juguetes, y al final de las películas cada niño recibió su gran regalo de Navidad. La directora me pidió que para la otra vez acordara cita previa, cuando que yo sabía que si eso ocurre, no nos regalarían nada. ¡Bravo por el DIF Estatal!

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