Comentario a Tiempo: Cuando se despide a un amigo

Por Teodoro Rentería Arróyave

PUEBLA, PUEBLA. En la víspera nos referimos al viaje al éter eterno del amigo entrañable, Marco Huesca Castañeda, quien dejara este domingo la vida terrenal para viajar en el infinito insondable donde su vigor y entereza lo harán vivir por siempre.

Apenas rebasaba los 40 años, cuando la muerte misteriosa lo sorprendió con un infarto K4, es decir, de una vez y al mismo tiempo le reventó los cuatro ventrículos de su diezmado corazón.

Ahora me quiere referir a su adolescente hijo, Tony, quien a los 14 años sorprendió a familiares y amigos presentes en la sala velatoria para relatar con voz firme y segura, puesto que asume la jefatura de familia compuesta pos dos mujeres, su madre , la querida Jeny y su abuela, Hilda Luisa Valdemar Lima.

Este joven, sin derramar una sola lagrima, que ya había prodigado a caudales en la soledad del dolor, relató que abrazado al cuerpo inerte de su padre durante más de tres horas, soñó y vivió enriquecido pasajes de la compañía de su padre.

Antes había precisado que Marco además de padre había sido su amigo y su hermano que nunca tuvo físicamente, pero si en la figura de su progenitor.

Hacía poco, siguió en su relato, mi padre me invito a cenar para decirme que todos los regaños que me había impuesto eran producto de su amor para que redundaran en la formación de mi conducta futura.

Ahora que mi padre que se me fue cuando apenas tengo 14 años de edad, estén ciertos que asimilé sus conceptos y su valores por la vida.

Nosotros expresamos, que ahora el jefe de esa familia, es este varón de apenas 14 años.

Esos son los retos y destinos que la misma vida le ha impuesto.

Despedimos a Marco hasta la misma entrada del crematorio, al mismo tiempo frio e incandescente, con la seguridad de que un joven, su hijo, que a sus edad, sabrá de sus responsabilidades para con su madre y abuela.

Marco: viaja en el éter eterno con la convicción de haber heredado a su hijo su calidad de esposo e hijo y de caballero andante de la amistad.

 Esto lo escribimos, con la emoción de cuando se despide a un amigo.

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