Nosotros: Mi Profesión, los Rinconcitos de Trabajo

Por J. Ángel Ramirez Lopéz  

· La magia de esos lugares

· Una vida muy nómada

Desconozco cuántas personas como yo gozan sus espacios donde desarrollan su trabajo. A lo menos, desde que en mi juventud tuve conciencia de mis actos, y mucho más, de una labor profesional, he saboreado, como día de fiesta, los lugares en que me ha tocado atender mis asuntos profesionales. Recuerdo hoy con nostalgia todos estos sitios de mi juventud.

Así fue cuando trabajé de gasolinero en los tres turnos, al sur de la capital, en un lugar más o menos formal, sobre todo en lo económico. Gocé trabajar mañana, tarde y noche, cambiando de turno cada quincena, para luego ser aceptado en CONAFE e ingresar como instructor comunitario. Gocé mis comunidades Pichachos y la colonia Juana de Asbaje.

Igual cuando estudié la Normal de Maestros, gozando cada salón y butaca. También cuando entré a este periódico EL COMENTARIO de reportero, en que fui feliz en el lugar donde estaba mi oficina, el escritorio y mi vieja máquina de escribir, para luego seguir en el Consejo Nacional de Recursos para la Atención de la Juventud en Colima (CREA).

En ese lugar tenía a mi cargo la Dirección de Comunicación Social, en tres edificios distintos. Y en las tres oficinas para mí fue día de fiesta, para luego seguir al mismo tiempo de locutor en la antigua radio RCN de Colima, por la calle Zaragoza, donde disfruté la cabina, mi espacio y todo el inmueble, luego acudir a dar clases a un bachillerato privado.

Todo ello al mismo tiempo, entregado a mi profesión, aunque recibiera de paga puros billetes de a peso. Igual me alegró mi escuela de Letras y Comunicación dela U de C, donde estudié al dejar mi plaza de profesor normalista, impactado por una licenciatura en esa área. Gocé cada salón, cada semestre y a cada maestro. Por ello soy muy afortunado.

Así me emocioné cuando en mis tiempos de joven fui a lo que era el Distrito Federal a concursar mi licencia de locutor, porque yo era persona de retos, para obtener mi patente en 1987, y concluir en la emisora RCN de Colima para iniciar lo que sería el modelo de Radio Variedades, y dejar el campo a otros locutores contratados por la nueva empresa.

Y disfruté mi ingreso como profesor suplente en el bachillerato nocturno en 1983, para luego ser contratado por horas en el bachillerato No.1 en 1984, hasta presentar examen de oposición en 1998 y ser asignado profesor de tiemplo completo, completando mi profesión como locutor de noticias en la radiodifurosa XEBCO, “La Poderosa Voz de Colima”.

En ese sitio cerré un ciclo de 14 años en cabina, y aproveché el tiempo para continuar mi profesión en la maestría en Sociología en la propia U de C, la que concluí en el 2002. A la fecha sólo disfruto y gozo de profesor de tiempo completo en bachillerato y colaborador de EL COMENTARIO, donde rebaso los 34 años, y sigo tan frasco como una lechuga.

Alguna vez en mi vida de niño y adolescente tuve tres ilusiones: ser profesor, locutor y periodista, y si podía, alguna maestría, completado con familia armoniosa, salud y vocación de servicio, y todo ello he podido hacer, por lo que a veces pienso que si alguien tiene la vocación del estudio y lo ejerce, todo lo demás sale sólo y se hace con satisfacción.

Si yo tuviera dinero, pagaría por ejercer la docencia, la locución y el periodismo, pero como no tengo, lo sigo haciendo porque esa es mi labor profesional, pero si se hace más por vocación y de arte, es mucho mejor. La jubilación para mí es cortar una flor del rosal y ponerla en la mesa con agua, y a los pocos días se seca y se apaga. Prefiero estar en el rosal.

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