Concierto Político: El medio siglo del súmmum del “realismo mágico”

Por Bibiano Moreno Montes de Oca

Ahora que se cumplieron los 50 años del lanzamiento de la novela Cien años de soledad, del colombiano Gabriel García Márquez, aquí dejo constancia de mi opinión sobre ese fenómeno literario que tanto entusiasmo causó entonces.

El siglo completo del que habla la novela Cien años de soledad, el súmmum del “realismo mágico” del boom literario latinoamericano, que a su autor, Gabriel García Márquez, algún tiempo después le valió el Premio Nobel de Literatura, se resume en la vida de una familia disfuncional (la Buendía) de un pueblo llamado Macondo, narrada por el gitano Melquiades, donde habla de un hombre atado a un árbol (José Arcadio), al principio, y de un niño recién nacido con cola de puerco (el hijo de Aureliano y Amaranta Úrsula), al final.

El primero de la estirpe de los Buendía de la historia, José Arcadio, junto con su esposa Úrsula, se encargaría de fundar el pueblo de Macondo, apenas un villorrio de unas 20 casas hechas de ramas y bejucos, tras la desgracia que acompaña a la familia desde el inicio del centenario, cuando por culpa de una pelea de gallos es asesinado Prudencio Aguilar, que después de muerto se le seguía apareciendo a Buendía en su casa. Vamos, la aparición de muertos es cosa común a lo largo del siglo en Macondo, como en el Comala de Juan Rulfo.

Ese hecho obliga a los Buendía a buscar un nuevo lugar dónde vivir, que a la postre sería el Macondo que tuvo sus tiempos de gloria y esplendor, para terminar en ruinas y olvidado por cuantos alcanzaron a abandonarlo a tiempo, tras tantas calamidades que le cayeron encima, como si se tratara de las siete plagas bíblicas; por ejemplo, la llegada de una empresa bananera (culpable del auge y posterior declive del pueblo), los cerca de cinco años de lluvias ininterrumpidas, la guerra civil que convirtió en héroe nacional al coronel Aureliano Buendía, etcétera.

La novela, que sigue de manera lineal la historia de los descendientes de Úrsula y José Arcadio Buendía durante los siguientes cien años, hasta llegar a otro Aureliano Buendía, no es sino un mazacote de tramas y sub tramas que lograron cautivar a los lectores de las décadas de los 60 y 70 en los países de habla hispana e incluso de otras lenguas (menos de tres lustros después de su aparición por primera vez, en 1967, los académicos de Suecia se decidieron por entregarle el codiciado galardón en 1982), pero que en la actualidad ya no lograrían el mismo éxito.

Alguien podría echarme en cara que precisamente ahí está el secreto de su éxito: en la originalidad que no permite plagios y que le dio para alcanzar el Nobel. Bueno, no sería la primera vez en la que los académicos suecos entregan sus galardones a los agraciados por razones políticas, más que por las que se supone los deben mover realmente: las literarias. Así, gente que muy difícilmente podría aspirar al premio por su trabajo, lo obtiene por sus relaciones, sus contactos, sus cuates, dependiendo de cómo se muevan las aguas en el momento preciso y a la hora exacta.

Por ejemplo, el escritor portugués José Saramago, que escribió sus novelas con una técnica  totalmente obsoleta, fue premiado por sus relaciones, no por su obra, que es un asco en la mayoría de los casos. En cuanto a García Márquez, su novela más emblemática, que es Cien años de soledad, por lo menos le sirvió de fuente de inspiración para futuras historias. Así, pues, por ahí desfilan los nombres de personajes que aparecerán más adelante en otras novelas, a saber:

En primer término, el propio coronel Aureliano Buendía, que es el eje central de Cien años de soledad, es el que reaparecerá en la clásica y más entrañable de su obra, El coronel no tiene quién le escriba; la joven prostituida por su abuela, a la que estuvo a punto de ayudar a saldar su deuda uno de los Buendía, que aparece de protagonista en la noveleta de kilométrico nombre   La  triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada; el funeral que no volvería a repetirse sino un siglo después en el cuento Los funerales de la mamá grande, etcétera.

De hecho, el autor de la novela Cien años de soledad le hace un guiño a su colega mexicano, Carlos Fuentes (que también formó parte de la mafia literaria del boom latinoamericano), al ubicar a un tal Lorenzo Gavilán, compadre del revolucionario Artemio Cruz (personaje de la novela de igual  nombre), que fue a caer a Macondo para unirse a las fuerzas del coronel Aureliano Buendía. De igual forma, el propio Gabriel y su esposa Mercedes (en ese tiempo su novia), habitantes de los últimos tiempos de Macondo, aparecen en calidad de personajes, al final, para irse a vivir a la ciudad de París.

En suma, la novela es un compendio de personajes fantasiosos que parecen  sacados de la antigua mitología clásica, como el de interactuar los muertos con los vivos; una Buendía, Remedios la bella, que un día se eleva hasta el cielo y nunca más se vuelve a saber más de ella; Mauricio Babilonia, enamorado de otra Buendía, que siempre andaba rodeado de mariposas amarillas que aleteaban a su alrededor; Úrsula, a la que le llegan a contabilizar cerca de 121 años de vida casi 20 años antes de que muera, completamente ciega desde mucho tiempo atrás, sin que nadie lo note, que servía de juguete a los tataranietos; Petra Cotes, con facultades adivinatorias, como el oráculo de Delfos, etcétera.

El coronel Aureliano Buendía es el personaje central, pero donde lo que más abundan son nombres de personas, tenemos que hacer notar que tuvo un total de diecisiete hijos, todos llamados con el mismo nombre de su padre, pero con el apellido de sus respectivas madres, hasta que son reconocidos como parte de la familia, lo que no les vale de mucho: todos son asesinados, salvo uno, llamado Aureliano Amador, que de todas maneras muere tiempo después de dos certeros tiros que le entran por donde tiene una cruz indeleble, colocada en su frente un miércoles de ceniza por el padre centenario Antonio Isabel.

De la biografía del coronel Buendía se sabe que promovió 32 levantamientos armados y que todos los perdió. Tuvo diecisiete hijos de diferentes madres, los que fueron asesinados el mismo día, salvo Aureliano Amador, que murió a los 35 años. Escapó a catorce atentados, a 73 emboscadas y a un pelotón de fusilamiento. Sobrevivió a una carga de estricnina en el café que hubiera bastado para matar a un caballo. Rechazó la Orden del Mérito que le otorgó el presidente de la República. Llegó a ser comandante general de las fuerzas revolucionarias. Declinó la pensión vitalicia. Nunca se dejó fotografiar.

Así, por la novela desfilan nombres y más nombres de la estirpe Buendía, donde las mujeres son fatales (salvo la primera Úrsula, que tuvo que soportar al esposo, a los hijos, a los nietos, a los bisnietos y a los tataranietos), pero los hombres no se quedan atrás. Además, ciertos nombres femeninos llaman la atención por su peculiaridad: Amaranta, Rebeca, Pilar Ternera, Santa Sofía de la Piedad, Fernanda y Amaranta Úrsula.

El tema de las empresas bananeras sirve a García Márquez para un ajuste de cuentas con las trasnacionales gringas que explotaban los países tercermundistas y eran protegidas por los dictadores que por esos años (los 60 del siglo pasado) abundaban de Centro a Sudamérica. La huelga promovida por uno de los Buendía costaría a Macondo la muerte de 3 mil personas, desaparecidas en 200 vagones del tren y echadas al mar. Después de esa atrocidad seguiría el diluvio de 4 años, once meses y dos días exactos, hasta la extinción del pueblo, donde no volvió a llover en diez años.

Algunos personajes, que no son Buendía pero se relacionan con esa familia, son el italiano Pietro Crespi y el belga Gastón. El primero giraba en torno del amor de  Amaranta y de Rebeca, pero termina por no quedarse con ninguna. El segundo se llega a casar con Amaranta Úrsula, pero no es con él con el que ella lega a tener el último de los descendientes, sino con su sobrino Aureliano, por lo que la maldición se cumple: nace con cola de puerco y es cargado por las hormigas, que se llevan al último de los Buendía, que no tenía una segunda oportunidad sobre la tierra.

Acerca del Autor

Publicaciones relacionadas

Deja un comentario