Tarea Pública: Convicciones papales (Sobre hombres casados)

Por Carlos Orozco Galeana

El Papa Francisco consideró en una entrevista con el diario alemán Die Zeit  que “habría que pensar” sobre la posibilidad de ordenar a los “viri probati”, hombres casados sobre todo jubilados y muy implicados en la Iglesia. También “debemos determinar cuáles serían sus funciones, por ejemplo, en localidades remotas”.

Esta idea papal es singular y seguro que a estas alturas se estarán poniendo de acuerdo algunos obispos y funcionarios de la Curia romana para que no se realice. Allí, en el Vaticano,  le ponen tache muy seguido a iniciativas papales porque históricamente las fuerzas conservadoras se han impuesto a intentos reformistas. El papa está allí en medio de lobos.

Muchos miembros de la Iglesia creen que, ante la falta de párrocos en numerosos países, tendría que abrirse una nueva vía: junto con los sacerdotes, que hacen voto de celibato en su ordenación, recomiendan ordenar a los “viri probati”, hombres casados que tengan tiempo a causa de su jubilación y que puedan demostrar un compromiso duradero con la Iglesia.  Los católicos que deseen ponerse al servicio de la Iglesia tendrían la posibilidad de hacerse diáconos, mas no curas.

En varias ocasiones, el pontífice había afirmado que la prohibición de ordenar a hombres casados no era un punto de doctrina intangible. Antes que él, Benedicto XVI afirmó que esto no constituía un dogma, como lo es, por ejemplo, la fe en la resurrección de Cristo.

De que se justifica esta iniciativa claro que se prueba. En algunos continentes no se conoce aún la doctrina cristiana o si tiene presencia esta es mínima, como en algunas regiones muy pobres de África, donde la gente está desesperada por resolver sus necesidades diarias y hay un analfabetismo educativo y religioso.

Los más conservadores han de haber puesto el grito en el cielo ante la declaración papal, pero esta ha sido recogida con gusto por aquellos sectores que están por el crecimiento de la iglesia y por la superación de tradiciones que a día de hoy parecen estorbar.

Yo conozco en mi parroquia y fuera de ella a muchos hombres virtuosos ya entrados en años que llevan una vida de iglesia ejemplar. Digamos que son  tan pecadores como los que no se acercan. Son personas con conocimientos y una fe firme, convencidas  de que su iglesia debe dar un paso adelante y buscar que la doctrina cristiana sea anunciada en donde no hay ni rastros de ella.

Hay barrios y colonias abandonados por la falta de sacerdotes y diáconos donde la realidad social es verdaderamente conflictiva. Para no ir más lejos, en nuestra costa hay una gran violencia, asesinatos, pobreza, rezago educativo, muchas jovencitas embarazadas y abandonadas a su suerte,  familias destruidas, carencia de valores y un catolicismo venido a menos. Allí hacen falta esos hombres de Dios aunque no se hayan forjado en un seminario. Hace falta la Palabra Divina transformadora, eficaz, salvadora, proveniente de quienes se entregan a Jesús pregonando el Evangelio.

Solo Dios sabe qué pasará con esa idea papal de incorporar a hombres maduros y reflexivos   a una vida activa en nuestra iglesia. Tendrá que hacer un largo recorrido hasta que aterrice formalmente en diócesis y parroquias del continente.

Pienso que  el papa, Francisco está en lo correcto  de valorar la posibilidad de incorporar a más servidores de Cristo a tareas concretas aunque no hayan pasado por una formación sacerdotal. ¿Usted qué opina, estimado lector?

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