Tarea Pública: México, empujon hacia tras

Por Carlos Orozco Galeana Resultado de imagen para mexico va para atras caricatura

Una ley verdaderamente retrograda por los efectos perniciosos que causará es la que aprobó recientemente la Comisión de hacienda y crédito público en el congreso federal; se trata de una reforma a la Ley de Disciplina financiera de las entidades federativas y los municipios con la que relajan las reglas establecidas para gobiernos estatales y municipales en torno a la contratación de deuda y el uso de dichos recursos y generan marcos de opacidad en la asignación de licitaciones.

No hay lucha en México que valga contra la corrupción, la impunidad y la opacidad. Cuando ciudadanos o fuerzas políticas en pro de la transparencia y del ajuste de cuentas cobra impulso, otra fuerza se le opone en un cuento de nunca acabar. Si con la normatividad actual existente en torno a esas materias – de endeudamiento – las cosas están para llorar, ahora mismo la representación popular (es un decir) le da para atrás a una exigencia nacional.

Recuerde el lector cómo varios gobernadores endeudaron a sus entidades a sus anchas sin ningún contrapeso, sin que nadie se opusiera. En varios casos, esos endeudamientos fueron de escándalo y permitieron un saqueo sin precedentes que ha llevado a varios de esos personajes nefastos a la cárcel. Excelsior refiere en una de sus notas, que Coahuila tiene una deuda de 37 mil millones de pesos más que el monto que había heredado el gobernador Humberto Moreira, en tanto que en Veracruz ascendió este monto a 80 mil millones de pesos!

El gobierno de Peña Nieto se va a recordar no como el de las reformas estructurales triunfantes, sino por el saqueo de los recursos de todos los mexicanos. El día último del mes, López Obrador, auto nombrado adalid contra la corrupción, dijo que él no robará y que pondrá el ejemplo que le faltó poner a Peña Nieto. Así, con estas palabras.

Pero volviendo a nuestro tema, la nueva ley aprobada por la Cámara de Diputados permitirá a los gobernadores manga ancha para usar los ingresos adicionales que recibirán las administraciones para apoyar su gasto corriente. Se pondrá la cosa buena en los estados porque habrá dinero para mil locuras; ha de saber el lector que cuando lo hay a carretadas, los gobernantes pueden gastarlo en lo que se les antoje con legislaturas a modo, no en lo que se requiere. Después, que no se quejen esos señores diputados de la comisión hacendaria del congreso cuando los medios informen de tracalerías que habrá por permitir tal despropósito.

Con recursos adicionales que les llegarán, los gobiernos estatales tendrán menos responsabilidad en el uso del remanente para el pago de deuda. Que quede registrado que el diputado de origen colimense, Vidal Llerenas, ha mostrado su extrañeza por la nueva normatividad.

En el pasado, la Secretaría de Hacienda fue reacia a frenar el despilfarro de recursos de las entidades, fue permisiva y seguro que hizo mutis en aplicar la disciplina financiera cuando había entendimiento de los gobernadores con el presidente en turno fueran del signo ideológico que fueren. Las denuncias recientes contra el Pt muestran cómo se ha sido irresponsable en el manejo de los recursos de los mexicanos por cuestiones meramente políticas.

Algunos diputados han advertido del riesgo de generar opacidad en la asignación de licitaciones, lo que se pretendía combatir con una ley anterior, y obviamente, corrupción. Esos pocos mexicanos, al menos, no han cerrado los ojos ante el riesgo evidente de que cuando el arca gubernamental está rebosante, más grande es la tentación de gastar irresponsablemente.

Grande ha sido el estímulo en las entidades cuando les llegan recursos extraordinarios por ingresos petroleros, ocasiones en que los gobiernos estatales se endeudan y hacen obra para satisfacciones económicas o para apuntalar proyectos políticos transexenales que les favorezcan en lo personal, o a sus partidos. En fin, ese es nuestro México, tan falto de transparencia y rendición de cuentas y tan ahogado por la corrupción. Luego no nos sigamos quejando.

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