Viento Político: El campo y su miseria

Por Macrina Sanchez.

Sin alarde de grandes conocedores, cualquier mexicano sabe y otros lo sintieron que desde hace más de 20 años, con la entrada en vigor del TLC, entre México, Estados Unidos y Canadá, la economía mexicana se ha visto afectada en muchos sectores productivos, generando más pobreza, desempleo y violencia, entre otros.

En el sector primario y principalmente en el campo, la soberanía alimentaria ha sido destrozada, las cadenas industriales desestructuradas y los mecanismos de seguridad social debilitados.

En el último estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), estimo que el 43 por ciento de los alimentos que ingieren los mexicanos son de origen extranjero, no obstante de que México es considerado una potencia mundial en producción agropecuaria.

Por otro lado, México descendió cuatro lugares en 2017 en el Índice Global de Seguridad Alimentaria que elabora la Unidad de Inteligencia de The Economist. Se ubica en el sitio 43, de 100, con un índice de 65.8 puntos.

De acuerdo con el índice, la inestabilidad política es una de las amenazas en la producción de alimentos. En México, mencionó, “las protestas internas contra la corrupción han socavado la confianza en el poder político del país para que realice acuerdos con Estados Unidos”.

México importa 14 millones de toneladas de maíz en grano para la industria forrajera y los mexicanos consumen otros 10 millones de toneladas de maíz transformado en productos industriales.

Según el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera, 95 por ciento de la soya consumida el año pasado en México fue importada, 84 por ciento del consumo de arroz, 63 por ciento del de trigo, 37 por ciento del consumo de carne de cerdo y 22 por ciento de la leche.

Con esos índices lamentables, con esa corrupción a flor de piel, y con esa actitud triunfalista del gobierno mexicano, que le espera a los mexicanos en el corto plazo, perder la soberanía alimentaria y perder el orgullo campesino y entregar el campo al mejor postor.

El campo sufre, la ciudad agoniza.

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