Concierto Político: Díptico sobre el Presidente Muerto/ y 2

Por Bibiano Moreno Montes de Oca

Después de La inoportuna muerte del presidente, el autor escribió Griten que ya partí, donde las intrigas entre los que buscan suceder al ejecutivo recientemente fallecido van más allá de Los Pinos, que es donde éste tuvo su último suspiro. Ahora es el secretario del presidente muerto el protagonista de esta apasionante segunda parte que conforma este díptico de Alfredo Acle Tomasini.

Griten que ya partí

El autor nunca avisó que habría una segunda parte, de manera que al hincarle el diente a Griten que ya partí, secuela de La inoportuna muerte del presidente, caemos en la cuenta que la historia inicia justamente donde se termina la primera. De manera, pues, que Alfredo Acle Tomasini nos receta de nueva cuenta un interesante thriller político a la mexicana, tan entrañable como la que fue su ópera prima en el mundo de la novelística.

En efecto, Griten que ya partí arranca de manera vertiginosa pocos minutos después de donde se termina La inoportuna muerte del presidente, de tal suerte que es necesario haber leído la primera para contextualizar la segunda. Así, como toda secuela que se respete, en la segunda trama aparecen nuevos personajes, pero también varios de la primera, donde algunos de ellos adquieren una importancia fundamental.

Así, pues, si en la primera novela el empresario Ramiro Castillo no adquiere mucha relevancia, si bien forma parte de un reducido grupo de conspiradores vinculados con la muerte del presidente en funciones, en esta segunda se convierte en el personaje central, junto con el presidente interino, Marcos Monterrubio, así como el propio Axkaná Guzmán, protagonista de la primera historia. Además, en esta segunda parte se integra Magda, la pareja sentimental del que fuera secretario del presidente asesinado.

El empresario Ramiro Castillo forma parte de un grupo de cuatro conspiradores  (tres políticos y el magnate que ha hecho su fortuna como se acostumbra en México: a base de corrupción), pero estaba siendo investigado por la Interpol con el conocimiento del presidente difunto. Así, en cuanto se sabe de la muerte del inquilino principal de Los Pinos, simultáneamente se difunde la noticia de la investigación que hay sobre el empresario, que lo primero que hace es ir a pedirle ayuda a su amigo y socio Marcos Monterrubio, político casi retirado.

Eso de retirado es simple retórica: un político jamás se retira. Y bien que lo sabe Marcos Monterrubio, que a regañadientas ayuda a esconderse de la Interpol al empresario Ramiro Castillo (primero, en su residencia en la capital del país; después, en una mansión en el puerto de Acapulco), al tiempo que se vale de los contactos que tiene su amigo y socio para terminar siendo nombrado presidente interino por algunos meses, en lo que se realiza una nueva elección para un periodo de cuatro años.

Durante las semanas que dura la trama de Griten que ya partí, en la que el presidente interino ratifica a la mayoría de los integrantes del gabinete del presidente muerto (salvo el caso del secretario de Gobernación, que aparece misteriosamente suicidado en un departamento que tiene para sus conquistas) y tiene que lidiar en su casa de la playa acapulqueña con un socio que le resulta cada vez más incómodo, corre paralela la historia de Axkaná Guzmán y su pareja sentimental de nombre Magda.

Si en la primera novela Acle Tomasini rinde un homenaje al novelista Martín Luis Guzmán al utilizar el nombre de uno de sus personajes de La sombra del caudillo,  agregándole al apellido del también periodista y académico de la lengua, en la segunda hace algo parecido con La muerte de Artemio Cruz, obra emblemática del desaparecido escritor Carlos Fuentes.

Pero a diferencia de Carlos Fuentes, que centra por completo su historia en los recuerdos de un Artemio Cruz moribundo,  Acle Tomasini retoma el recurso del enfermo en fase terminal para las reflexiones de un Axkaná Guzmán, al que su pareja Magda le lee pasajes de una novela que aborda los entretelones que se dieron al morir el presidente para el que trabajó como secretario particular varios años atrás.

La novela Griten que ya partí, pues, no se centra en el Axkaná Guzmán que lo único que quiere es morir rápidamente, pero al que sus hijos le retrasan su deseo hasta poder lograr que su pareja Magda les venda los derechos de las memorias de su padre, que deberán ser publicadas por una editorial española en cuanto el hombre pase a mejor vida.

La razón de los gemelos –hijos de una mujer de la que se separó tiempo atrás— por impedir la publicación de las memorias de su padre no puede ser más despreciable y mezquina: verían la luz pública actos corruptos y criminales de personajes con los que tienen negocios ahora, ya en segunda generación, es decir, son amigos y socios los descendientes de los que en el pasado lo mismo fueron víctimas y victimarios.

Leer la novela de Acle Tomasini  es como echarse un clavado a lo más profundo de la política que se practica en México, con los empresarios que hacen los grandes negocios con los políticos corruptos, donde no existen escrúpulos ni siquiera cuando se trata de desaparecer del mapa a las personas que se atraviesan en el camino, tal y como lo vemos en tiempo real a lo largo y ancho del país.

El mérito, pues, no es que el autor nos hable de algo que los mexicanos lo vivimos todos los días, sino por la forma tan fresca y clara en que lo hace. Además, como hay algunas lagunas dentro de la segunda novela, es seguro que habrá una tercera parte de la saga, para solaz y esparcimiento de los lectores de un Acle Tomasini que resulta ser muy efectivo en la descripción de las entrañas del  enrarecido ambiente de la política a la mexicana.

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